Sunday, April 11, 2010

TOMORROW NEVER KNOWS

Días atrás, en una informal reunión en casa y con la atmósfera cargada de ese agradable ambiente que es el buen humor, fui repentinamente interpelado con esa risa aguantada que solo puede contener la intención de una broma: ¿Realmente aportaron algo Los Beatles? Los presentes, hartos conocedores de mi fiel y devota pasión, empezaron a intranquilizarse. Ninguno de ellos quería que la velada se echara a perder con discusiones acaloradas y aquel abandono intelectual debía seguir reinando a lo largo de toda la noche. Pero no había nada que temer de mi parte. Viniendo de quien venía la pregunta, un amigo mío, solo cabía esta respuesta: Bueno, si aportaron algo cualquiera te lo podrá decir. Y acto seguido continuó el ritmo habitual de la velada. Sin embargo, el desenfado de aquellas distracciones no pudo desprenderme ya el pensamiento que se había adherido a mi mente. Por ella pasaban impresas como secuencias fotográficas, dulces reminiscencias de la ya un tanto lejana adolescencia en que, con el ímpetu y la espontaneidad propia de la edad, solían salir en defensa de mi credo sostenidas batallas argumentales contra todo aquel que osara dudar de la originalidad de Los Beatles. Y ahora, todavía husmeando las cenizas de ese incidente y aguijoneado en lo más prudente por ese pequeño mocoso que siempre llevamos dentro, me he permitido preguntarme: ¿Estaba realmente bromeando este amigo mío? Porque ya casi al final de la década, buena parte de las nuevas generaciones y alguna que otra opinión intelectual de estos revisionistas 9O's, se mantienen militantemente escépticos sobre la autenticidad del legado Beatle, unos por desconocimiento, otros por instintiva reacción contra la tradición -quizás en este grupo están los que han hecho consigna en su mente lo obvio de esta verdad, aceptándola por inercia de la misma forma que se transmiten los genes de una generación a otra- y otros, porque han olvidado.
De cualquier manera, para unos y otros va dirigida esta ponencia, que aunque un tanto precipitada debido a su confección tardía, tendrá por objetivo centrar la atención hacia lo que constituye el verdadero tesoro de esta herencia: la obra de Los Beatles.
Siendo ésta tan vasta y teniendo en cuenta el esfuerzo colosal que implicaría enumerar todos y cada uno de los aportes hechos por cada una de sus canciones, he escogido, debido al peculiar entorno que la rodea y a la envergadura de su repercusión social, a una entre todas: Tomorrow Never Knows.
Mucho se ha dicho acerca de la subjetividad en la acción creadora; poco se sabe, sin embargo. Porque el proceso creativo está sujeto a tantas circunstancias variables como variable puede ser la mente donde se forja la creación.
Y esta canción, la canción que más aportes técnicos y artísticos había hecho hasta 1966 en el universo del rock, tenía varios ingredientes que conformaban su rica y variada receta, pero había uno que no podía faltar, el que a fin de cuentas, iba a resumir la razón de ser de su exótico menú: las drogas. Y esta había sido aliñada con un fuerte sazonador: el LSD.


La más joven sociedad inglesa, caracterizada por la ingenuidad y el énfasis sobre lo informal durante el pico del Pop de los años 1965-1966, estaba muy lejos de sospechar la magnitud que alcanzaría el movimiento cultural que se estaba gestando al otro lado del Atlántico. Impulsado por la generación Beat de la década del cincuenta, este movimiento devino en contracultura la cual, en abierta oposición al establishment anidó en California, con especial concentración en San Francisco. Aunque traducida en textos de liberación sexual y cimentada por ideas religiosas importadas de Oriente, la espina dorsal de esta contracultura eran las drogas y una sobre todo: el LSD.
Sintetizada en 1938 por un químico suizo buscando una cura para la migraña, el LSD era un poderoso alucinógeno cuya función era disminuir temporalmente la capacidad perceptiva del cerebro, dejando al sujeto en un estado primario de neurótica irresponsabilidad. La droga, muy fuerte, hacía perder toda conciencia del ego.
El LSD llega a la atención de la clase media norteamericana en 1966, alistada por el Dr. Timothy Leary a la ya existente farmacia contracultural de la marihuana y en su "legislatura de estado", proclamaba que todo norteamericano sano de más de 14 años de edad debía dar al menos un "viaje" a través del ácido para poder percibir el "Salvajismo de la Maquinaria Norteamericana", ya que según sus filósofos, todos los problemas y divisiones de este mundo no tenían un origen material sino perceptivo, tornándose el culto al ácido ahora en un intento masivo de trascender el Ser en ausencia de Dios. "Not Got, but the Void" (No Dios, sino el Vacío).
La resultante contracultura del ácido engendró entonces uno de los productos que caracterizaron la escena americana: "La Experiencia Psicodélica", un manual para la expansión mental escrito por dos renegados psicólogos de Harvard: el anteriormente mencionado Timothy Leary y Richard Alpert, donde, bajo el camuflaje de la religión (sincretismo de Catolicismo e Islamismo), se trataba de dar al impredecible "viaje ácido" un ajuste químico-sacramental. Para esto, Leary y Alpert seleccionaron el "Libro Tibetano de los Muertos", un antiguo tomo escrito para ser susurrado a los difuntos y conducirlos a través de estados de ilusión, que de acuerdo al Budismo Tibetano, los llevaban a la reencarnación.
Esta sin embargo, no era la única prescripción que ofrecía. La contracultura incluía opinión política y su Nueva Izquierda Americana proponía una ruta alternativa: un rearme neo-socialista moral, cruzada destinada a desacreditar al sistema, más específicamente en la guerra de Viet-Nam.


Así las cosas, mientras progresaban los sonambulísticos sueños de esta media drogada vanguardia social, a unos miles de kilómetros al Este, éste fenómeno había encontrado un abierto receptor: John Lennon, que a modo de transcultura pudo absorber la esencia político-cultural del elixir, devolviéndola a Occidente en calidad de producto artístico, dando lugar a la llamada segunda revolución pop de los 6O's: el "arte psicodélico".
Porque, lejos de lo que se tiende a pensar, no fue el Sgt. Pepper de l967 quien dio comienzo a esta etapa en la música pop. Esto sucedería un año antes, con la salida al mercado del álbum Revolver y su más sorprendente track: Tomorrow Never Knows, y había tenido su temprana génesis en Agosto de 1965, cuando Lennon y Harrison conocieron el LSD a través de un amigo dentista, sin sospechar que estaban tomando una droga. ¡Mil novecientos sesenta y cinco!, cuando aun el fenómeno no había trascendido a la cultura inglesa y los hippies, producto final de éste, no se habían declarado movimiento, el 15 de Enero de 1966 en el Festival de San Francisco.
La influencia de las drogas está claramente visible en canciones de John Lennon como Strawberry Fields Forever, Lucy in the Sky with Diamonds, A Day in the Life o I am the Walrus, pero donde se hace más evidente es en Tomorrow Never Knows.
John Lennon, tomó LSD por tercera vez en enero de 1966. Tratando de explorar su espacio interior y dar un buen "viaje" a través del ácido, usó las instrucciones dadas en el manual "La Experiencia Psicodélica", leyendo sus parafrases del "Libro Tibetano de los Muertos", grabándolas con su voz y reproduciéndolas mientras la droga tomaba efecto. El resultado fue espectacular e inmediatamente intentó capturar esto en una canción, tomando muchas de sus líneas del texto de Leary y Alpert: "Extiende todos tus pensamientos y entrégalos al Vacío". Bajo el título eventual de "The Void",
(El Vacío), la canción fue la primera en grabarse para Revolver en los días 6, 7 y 22 de abril de 1966, introduciendo la revolución psicodélica de Leary en la juventud del mundo occidental, llegando a ser una de las grabaciones de Los Beatles de más influencia social hasta la fecha.
Fiel reflejo de su sedentaria e irónica personalidad, Tomorrow Never Knows sigue las acostumbradas pautas lennonianas, tendiendo a moverse tan poco como le es posible entre las líneas del pentagrama, estando en la horizontalidad de la melodía que ondula suavemente a través de su melodía, el secreto de su hechizo. Sus cadenas de repetidas notas y la cadencia de su aire contrasta fuertemente con el sorprendente ritmo que proporciona la batería, obvia influencia de la música hindú; aunque ya había un precedente en el patrón rítmico: Ticket to Ride. (ambos figurados rítmicos fueron sugeridos por Paul Mc Cartney).
Es de notar como Los Beatles, pese a las avanzadas técnicas de los estudios de Los Angeles donde grababan bandas como los Rolling Stones, prefirieron el íntimo y confortable Abbey Road quizás por el clima de familiaridad hogareña que este les brindaba, amén de su ingenioso factor humano que hacía crear las más admirables invenciones que se podían esperar, a despecho de su modesta tecnología.
George Martin y sus ingenieros desarrollaron un novedoso y amplio espectro sonoro logrando lo que no habían podido sus colegas norteamericanos, disponiendo de más avanzadas tecnologías. Baste solamente enfrentar el sonido de Los Beatles y los Rolling Stones en cualquiera de sus álbumes. Esto habla por sí solo.
Por esta fecha, los estudios de América estaban enfrascados en la búsqueda de un nuevo sonido para la batería. Este sonido fue descubierto en Abbey Road: La orgánica interpretación de Ringo sobre los tom-toms de la batería para Tomorrow Never Knows. Apagados, compresionados y grabados con eco masivo, creaban la imagen de una tabla cósmica tocada por una deidad Védica.
(demo 1). Esto solo fue el comienzo de una producción la cual, en términos de innovación textural, es para el pop, lo que la Sinfonía Fantástica de Berlioz fue para el siglo XIX.
El 6 de abril, el grupo continúa su infatigable camino hacia el futuro grabando los tape-loops en sus propias casas. El tape-loop -sonidos grabados y editados con el fin de crear una señal cíclica-, es aquí una mezcla de efectos de sonido de estudio con el idioma "arte de ruidos", conocido como Música Concreta". En la música pop, todavía no había sido concebido esto y los tape-loops creados por Los Beatles para Tomorrow Never Knows eran especialmente extraordinarios. Las distorsiones, los sonidos no temperados, eran las nuevas fórmulas de sus creativos laboratorios, que desechando el oficio académico, tomaban sus propios procedimientos.
Los efectos fueron cinco en total:
1- Efecto de voces de indios (en realidad, Paul riendo), hecho como la mayoría, por superposición y aceleración. (demo 2)
2- Un acorde orquestal en Si bemol mayor. (demo 3)
3- Un Mellotron tocado en posición de flauta. (demo 3)
4- Otro Mellotron oscilando en 6/8 de Si bemol a Do en posición de cuerdas.
(demo 5)
5- Una frase de citara en escala ascendente grabada con sobresaturación y aceleración. (demo 6)
Este último es el más notable de todos, el cual forma los primeros 4 compases del instrumental central y después domina el resto del track. La segunda parte del instrumental consiste en el solo de guitarra de Paul Mc Cartney para Taxman, transportado un tono hacia abajo, editado y reproducido al revés. (demo 7)
Los sonidos logrados con el Mellotron también fueron muy interesantes. Aunque ya había sido utilizado este equipo por otros músicos -The Moody Blues-, el uso conceptual que le dieron a éste y su posterior ecualización y mezcla, hizo que sonara diferente, con un sonido similar al de un sintetizador. Este teclado, inventado por una firma de Birmingham en 1963, fue el verdadero antepasado de los modernos sintetizadores y fue John Lennon quien compró el primer Mellotron que se vendió.
Aun más; el track de la voz de Lennon, no tenía precedentes. Durante la primera mitad de la canción, ésta fue pasada a través de una nueva invención Abbey Road: el ADT (Automatic Double Traking) o Doble Pista Automática.
(demo 8)
Los Beatles utilizaban mucho el recurso de grabar la misma voz dos veces en pistas diferentes para de esta forma darle a sus canciones una mayor fuerza interpretativa, produciéndose al mismo tiempo, un agradable efecto de delay natural. Los ingenieros de Abbey Road para facilitar el trabajo, desarrollaron esta técnica, hoy en día, standard en todos los estudios de grabación. De esta forma, cantando una sola vez, el intérprete podía obtener su otra pista vocal, con un desfase de cinco partes de un segundo.
Para la segunda mitad de la canción, Lennon quería que su voz sonara como Dalai Lama y mil monjes tibetanos cantando sobre la cima de una montaña. George Martin, a quien le gustaban los retos, resolvió esto enviando la voz del track a través del sistema de bocinas giratorias en el Leslie Cabinet de un órgano Hammond (un efecto que está entre el "chorus" y el "tremolo" actual). Para lograr esto, los técnicos tuvieron que alterar el circuito interno del equipo. (demo 9)
Aunque el efecto fue espantadizo -mas o menos lo que quería el autor-, Lennon permaneció insatisfecho, deseando que en vez de esto, los monjes hubieran sido contratados. Así, la voz pasó a ser un instrumento más, relegando el texto a segundo plano y destacando solo la forma. La música por su parte, llegaba a ser el vehículo apropiado para el pensamiento y el sentimiento. Los Beatles y su desprejuiciado productor, una vez más rompían con todo lo establecido hasta entonces en el lenguaje musical.
Otros detalles pueden apreciarse si se escucha con atención: La frase final del solo de citara, que no parece pertenecer a éste debido al cambio en su dinámica, es enviado sutilmente desde el centro hacia la izquierda en el espectro estéreo de la grabación, conceptualizando el trabajo musical de la misma forma que harían agrupaciones como Pink Floyd en la década del 7O. Paso a paso, el hecho técnico de grabar una canción, se estaba convirtiendo en tecno-arte.
Hay un detalle muy interesante: la nítida presencia de un feedback escapado del Leslie Cabinet cuando Lennon filtraba su voz. El solo hecho de su primer plano hace pensar que fue un error consentido. La prueba de ello es que fue asignado al canal derecho en la mezcla final. En la música posterior del grupo, esta conceptualización del error fue casi una regla y una grabación podía tener "impurezas" sin afectar por esto su calidad artística. Los Beatles demostraban al mundo que podían o querían equivocarse, pero el error lo convertían en arte.
Y por último, con su fade-out a piano estilo Goons -única contribución musical de Martin-, Tomorrow Never Knows se va, en una mezcla de anarquía y temor, con sus tape-loops alternándose arbitrariamente en patrones casuales cíclicos. (demo 1O)
Tomorrow Never Knows no fue solo el resumen sonoro de la primera mitad de los 6O's. Según los expertos, este sonido hubiera tardado ¡una década! en aparecer en el ámbito musical. Su misión y la del adelantado Revolver fue sentar las bases para lo que sería el sonido del pop o rock -como se le prefiera llamar-, en la década del 7O.
Y Los Beatles, concientes o no de lo que estaban creando, ya no tenían otra cosa que hacer que no fuera dedicarse a la perfección de su creación, que alcanzó su más alto grado de refinamiento en el increíble Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band, un año más tarde.
Dicen que la mayoría de los genios de este mundo llegan a sus descubrimientos de forma casual. En cambio, Los Beatles de Revolver se habían propuesto firmemente no volver a reproducir en estudio su viejo sonido, y el hecho de que los 14 tracks de Revolver fueran difundidos por la radio en dos o tres ocasiones en el mes de julio, como anticipación de lo que sería la nueva y radical fase en las grabaciones del grupo -con Tomorrow Never Knows aguantada hasta el final y puesta solo unos días antes del lanzamiento del álbum-, es una prueba de que Los Beatles sabían que estaban iniciando una segunda revolución pop, que arrasaría con algunos de los rivales existentes e inspiraría a muchos otros, dejándolos a todos atrás.
Tomorrow Never Knows, es la canción beatle alegórica al ácido por excelencia. Las drogas, a pesar de constituir un pasaje oscuro en la vida de Los Beatles, generaron todo un caudal de nuevas ideas y auténticas pretensiones, tanto en ellos, como en muchos otros artistas de la vanguardia pop, a costa de quien las padeció plenamente.
John Lennon estuvo atrapado en las redes del ácido por más de dos años y solo su obstinada personalidad y fuerte complexión física, hicieron que saliera ileso de éste. Convencido al principio de que su uso le proporcionaría una mejoría espiritual, terminó agradeciendo el haber escapado de sus garras. Muchos no lo lograron.
Y volviendo a lo que me hizo escribir todo esto, creo que ahora, calmadamente, le pudiera responder a mi amigo que Los Beatles sí aportaron algo -al menos en esta canción-, a la música universal. Esto, sin detenerme en las demás, porque entonces me atrevería a afirmarlo -a risa contenida-, en el irreverente modo de un sentencioso refrán: "No dejaron nada para nadie".

Carlos Cobas.


(Ponencia realizada para el II Coloquio Internacional sobre la Trascendencia de Los Beatles en el Centro de Prensa Internacional, 23 y O, Vedado, del 28 al 3O de Noviembre de 1997). video

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